“El feminismo debería ser declarado patrimonio inmaterial de la humanidad”. C.Alborch

¿Feministas o “hembristas”?

Todavía hay mujeres que no se consideran feministas porque creen que este movimiento es lo opuesto al machismo. Eso en todo caso se podría llamar “hembrismo”.

En el machismo subyace la desigualdad de género que existe en la sociedad patriarcal instaurada hace miles de años. Está tan integrada en cada situación, que nosotras mismas la asumimos. Además, transmitimos estos valores de generación en generación, sin percibirlo.

El feminismo la pone de manifiesto y reclama la igualdad en derechos, oportunidades y el diseño mismo de cada objeto o actividad. No se contemplan las características de ser mujer y su percepción de la vida. Como mucho se la ha obligado a ser, vivir y sentir como el hombre.

Ecofeminismo: una realidad mejor para todas y todos.

Pueblos, ciudades, escuelas, viviendas, oficinas, parques, bares, cines, supermercados… Todos podrían tener un diseño para el bienestar de las mujeres, ancian@s y criaturas. Desde el punto de vista ecofeminista, se tienen en cuenta las necesidades de toda la población. Se crea un mundo y una realidad mejor para TOD@S y para el planeta. ¿Te lo imaginas?

De esta represión de la feminidad provienen muchas enfermedades.  “Depresiones”, enfermedades ginecológicas, histeria, rabia contenida e insatisfacción. El motivo: ser semillas en tierra tan árida.

Tópicos típicos

Todavía se considera peligroso que una mujer vaya “sola” por la calle de noche. La menstruación, la gestación y la menopausia se consideran como enfermedades. El parto no se ve como un poder de la mujer, sino como un castigo. Ser madre te condena a un mundo infantil. Está mal visto dar el pecho en zonas públicas, aunque se explote el cuerpo de la mujer en la publicidad. Que la mujer limpia mejor y conduce peor. Un coñazo es algo malo. Parte de nuestros genitales tiene nombre de hombre. Llevar ropa sexy, puede dar a entender que buscas lío. Está mal visto si tenemos la libido muy alta… y también si la tenemos demasiado baja. Tampoco está bien visto que queramos seducción y sensualidad sin que acabe en coito. Que podemos con TODO. Que estamos desequilibradas con tantas hormonas y emociones…

Las consecuencias de encarcelar a la mujer salvaje bajo el rol de niña, de sumisa, de controladora o de enferma, son síntomas físicos, mentales y emocionales que el consumismo, la medicación, la fantasía y hasta la new age tratan de acallar. Pero ¿hasta cuándo?

 

Ana Vítex

Creadora de Ginevítex. Tejedora de la Red de Mujeres de la Marina Alta. Fundadora de la Casa Madre de Orba. Impulsora de la Tienda Roja Marina. Diplomada en Trabajo Social y con Postgrado en Medicina Naturista en la Universidad de Zaragoza. Formación y experiencia como doula y partera, madre de 3 hijos paridos en casa.
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