TEJIENDO COMUNIDAD

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Cada día tengo más claro que la comunidad es el eslabón perdido de nuestra civilización y me he propuesto el reto de recuperarla como acto revolucionario, personal, ecológico y espiritual.

Me llamó la atención cuando en un curso de Lomi Lomi nos propusieron escribir lo realizado en diversas áreas de nuestras vidas, incluido el “servicio a la comunidad”. La sorpresa fue que no sólo la mayoría de personas no hacía este servicio sino que NO SABÍAN QUE ERA AQUELLO, ¿comunidad?…

Somos seres sociales por naturaleza, nos desarrollamos en grupos, manadas o tribus desde el principio de los tiempos.

Entiendo comunidad como un grupo de personas más o menos heterogéneo con algo que les une, sentido de pertenencia, solidaridad, que les aporta seguridad y sentido en este vasto mundo. Hormonas como la oxitocina, la dopamina y las endorfinas se encargan de ello. Nuestro cerebro es capaz de mantener así un vínculo vivo y sano con un número de unas 35 personas, más allá no podemos mantener un relaciones cercanas y ya cuesta.

El éxodo rural en España en los años 60 quiebra miles de comunidades, se produce la desconexión del territorio, los ciclos de la tierra, sus celebraciones, el linaje… En un pueblo como en el que nací te identifican solo por la fisionomía, tienes una historia, los antepasados están presentes: están en las casas, los árboles, las huertas y los caminos andados, cantados y mantenidos por ellos.

Arrancadas de las entrañas de sus tierras, la melancolía, el desasosiego y la resignación acompañan a las familias en las ciudades.

Así me he criado yo, con un vacío en el hogar y en el pecho, forastera , avergonzada y con la soledad acompañada de mi madre, padre y hermanos. La desconfianza como bandera, la supervivencia como medio y la vuelta al pueblo como exposición de los triunfos en la ciudad…Inmigrantes al fin y al cabo.

Progenitores y criaturas en alerta, madres sin apoyo, sin abuelas, tías, primas, sobrinas, vecinas que te acogen solo por existir, porque eres parte de ellas también y de su comunidad.

Así nos quiere el sistema, de todas las formas posibles, separadas y carentes para seducir los deseos de un alma a la deriva.

Sabedores de esa necesidad humana nos engañan y se saltan la comunidad pasando del individualismo a la sociedad. Impotencia ante las noticias internacionales imposibles de digerir, redes sociales con cientos de “amigos” que no conocemos, desconectadas de nosotras mismas y de quien nos rodea.

El fútbol y la falsa política imperan y parasitan en nuestra necesidad de identidad y pertenencia.

Pero no creas que es necesario vivir en una ecoaldea para crear una comunidad sana, de crecimiento y apoyo mutuo, pues puede darse en cualquier entorno. Tan sólo hace falta verlo claro y crear o reforzar un grupo de mujeres, amigas o no con intereses comunes que forma un núcleo o grupo matriz. Somos las mujeres las encargadas de vincular y tejer la sororidad, los hombres, ancian@s y niñ@s llegan con nosotras.

El gran reto es sanar nuestras relaciones como mujeres, el resto viene solo por sí solo.

En otro curso, esta vez de Alquimia, me explicaron que toda persona, igual que todo en el universo, tiene dos pulsiones: contracción y expansión o coagulación y disolución. A nivel personal nos pasamos casi toda la vida en la primera fase, donde nos construimos desde una necesaria fase de egocentrismo, estancada en esta cultura infantilizada, mercantilista y egoísta. Lo ideal es que llegado un punto de maduración y consolidación de la persona, ésta se haya encontrado consigo, sus dones, su propósito y le llegue el momento de DAR.

No es darse desde la necesidad de reconocimiento, por llenar un vacío o desde la necesidad de apego. Es dar sin esperar nada a cambio, fundirse para fluir, colorear y enriquecer el paisaje, pura expansión del gozo colmado de Vida, cómplice de la creación del mundo que deseas.

DAR es la clave, es dignificar nuestro potencial para completarnos y complementarnos, acogernos y sostenernos, sentir el placer de formar parte de todo, libres.

Una flor madura expande y da su aroma , polen y néctar como acto de celebración y gratitud para crear ¡Semillas completas y poderosas!.

2 comentarios
  • Belen Martin Serrano
    RESPONDER

    Siento que en estos momentos “colectivos” estamos recordando la alegría de vivir en comunidad. Lo necesitamos, lo exploramos y l@s más atrevid@s lo incorporan en su modo de vida. Vamos sembrando y creciendo…sol@s imposible, en manada todo es posible¡¡.

    • Beatriz Maraña
      RESPONDER

      Totalmente de acuerdo los apoyos comunes y el todos coopperemos para el bien común apremia. Pero siempre desde los dones innatos de cada uno.
      Felicidades por tu labor.
      Te envió muchas bendiciones .

      Beatríz

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