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ejercicios para conectar con una misma

AUTOPLACER PARA LA SALUD FEMENINA

El artículo de hoy viene de la mano de Alba Pérez, especialista en Terapia Sistémica y Sexología Holística.

La terapia sistémica nos permite profundizar en asuntos o aspectos en los que sentimos un bloqueo, conocer las diferentes implicaciones o enredos que están operando y realizar los ajustes necesarios, hacia el amor y la armonía en nosotras.

Alba nos ha regalado para celebrar el Mes del Autoamor esta guía de 12 ejercicios para conectar con tu interior y disfrutar de ello.

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GUÍA PRÁCTICA PARA RECONECTAR CON EL AUTOAMOR Y EL PLACER

  • Escucho mi cuerpo

¿Cómo me siento, qué necesito, qué me gusta, qué me apetece?

¿Cómo se encuentra mi cuerpo, mis extremidades, mis articulaciones, mis músculos, mis huesos, mis órganos? 

¿Cómo se expresa, qué valiosa información me trae cada día? 

Paseo mi atención por todo mi cuerpo, preguntándome cómo está hoy, reconociendo bloqueos, dolores, relajación. Aceptándolos y dándoles lugar. Llevando mi respiración hacia donde necesite expansión y, con ella, proyectando también mi amor.

  • Conecto con mis sentidos

Todos los días observo algo que me complace, escucho algo que me hace sentir bien, huelo algo que me satisface, saboreo algo que me apetece, toco algo que me agrada y me acaricio (dándome un masaje, abrazándome, poniéndome crema, autoerotizándome, investigándome, probándome…). 

Todos los días.

  • Escucho mi corazón

¿Qué siento, qué necesito, qué me nutre?

¿Estoy bien dónde estoy, con quien estoy?

¿Me hace sentir bien lo que hago, cómo lo hago?

¿Qué ajustes necesitaría para estar en paz, para serme fiel?

  • El lugar (físico y emocional) en el que estoy

¿Es dónde quiero estar? 

A veces mi mente, o mi corazón, se cuelan en lugares que no son lo suficientemente buenos para mí.

Entonces, tomo mi mano con delicadeza y me digo: “cariño, éste no es un buen sitio para ti, déjame que te saque de aquí, que te cuide, te proteja y te lleve a un lugar seguro, conmigo.”

  • Bailo

Me abro al placer de mi cuerpo en movimiento. Siento mis pies, que se extienden, se apoyan, se entregan a la Tierra para sostenerme. 

Conecto con mi pelvis: crestas ilíacas, pubis, isquiones, sacro, útero, vagina, labios, clítoris, ano, glúteos.

También con mi vientre, mi ombligo. Y con mis pechos, mis pezones, mi corazón, mis costillas, mis pulmones, mi columna, mis hombros. Y piernas, pies, brazos, manos, cuello, cabeza, que sostienen y extienden el movimiento.

Vibro con la voluptuosidad que nace de sentir, escuchar, observar mi cuerpo en movimiento, lento, descubriendo y recreándome en sensaciones, matices. 

Inspiración: “Cualquier movimiento que realicemos lentamente, se convierte en sagrado” (Thich Nhat Hanh).

Dibujo, danzo la geometría sagrada del círculo y el infinito: en mi plano vertical, horizontal, transversal, con mi pelvis y mi pecho. La ondulación. La espiral.

Siento la fortaleza de mis piernas, que me sostienen. El poder de mis brazos y mis manos en movimiento. La danza de mi serpiente interna, cuando se despierta en mi sacro y se despliega a lo largo de mi columna. Mi cabeza, que recibe la bendición del Universo. Y siento el profundo placer de bailar para mí, de danzarme, de sentirme, de gozarme.

  • El poder de mi sonrisa

Dibujo una sonrisa en mis labios, de la que forma arruguitas en el extremo de mis párpados.

Mi mandíbula está relajada (mi vagina, también). Mi mirada es blandita, amorosa. 

Tomo una respiración profunda. Y otra. Y otra. Me busco en un espejo. Continúo sonriendo, sonriéndome. Me miro con amor. Y me regalo un rato así, de sonrisa amorosa hacia mí.

Dirijo mi sonrisa hacia mi interior, la paseo por mi cuerpo, por mis órganos, sonrío y agradezco a mi útero, mis ovarios, mis trompas uterinas, mi vagina, mis labios, mi clítoris, mi corazón, mis pulmones, mi estómago, mi hígado, mis riñones, mis ojos, mis oídos, mi nariz, mi boca, mi garganta, mi piel, mis células, mi sangre, a aquéllas zonas que estén especialmente sensibles o que me apetezca reconocer.

Y observo a mi alrededor: cómo es lo que me rodea, la Vida, desde este estado, desde la sonrisa que forma arruguitas en mis párpados y la mirada blanda, amorosa, en paz. Y, durante el día, me voy recordando y accedo de nuevo a este lugar, habitando pequeños momentos desde aquí, sintiendo, mirando, deleitándome en el instante.

ejercicios para conectar con una misma desde el autoamor
  • Mis creaciones

A veces se me olvida que, como hija de la Divinidad, también poseo el poder de la creación.

Entonces, me gusta sentarme a observarlas, las pasadas y las presentes. Y las que se están gestando. Mirarlas, reconocerlas, describirlas, darles el valor que les corresponde, complacerme con ellas, comprender cuáles de mis dones se han manifestado a través suyo, me inspira para reconocer también mi valor, mi poder, mis cualidades, para reforzar la confianza y el amor hacia mí.

  • Masaje a mis pechos

Dibujo en mis labios una sonrisa amorosa, que dirijo a mis pechos y a mi corazón.

Pongo las manos sobre mis pechos, conectándome con su energía. Después, formo una copa con cada mano y la coloco bajo cada pecho. Siento sus cualidades: tacto, peso, temperatura, vibración…

Conecto mis dedos con los pezones, activándolos suavemente mediante toquecitos con las yemas. Visualizo cómo, con la inspiración, el aire entra a través de mis pezones y, con la espiración, el aire sale a través de ellos. Me mantengo un rato así, respirando a través de mis pezones y sintiendo cómo se activa la energía de mis pechos. 

Froto las palmas de mis manos con energía. Y tomo en ellas aceite para el masaje. Coloco las manos tipo pala, con los dedos del meñique al índice bien juntitos y estirados y las palmas abiertas y firmes. Sin tocar los pezones, subo por el centro y giro para bajar por fuera. Giro por debajo y subo de nuevo por el centro, describiendo círculos alrededor de las areolas.  

Se trata de un masaje meditativo, en presencia y contacto pleno con mis pechos. Mi mente está vacía (intento) y, mi atención, en mis sensaciones. Pruebo diferentes toques, intensidades de presión, desde caricias más suaves, casi roces, hasta presiones más fuertes. Cambio la dirección, bajando por el centro y subiendo por fuera. Voy jugando, sintiéndome. Cuando me apetece, detengo el movimiento y llevo de nuevo mis manos a sostener mis pechos. Les dirijo mi sonrisa, agradezco su presencia, los nutro con mi amor.

* Para el masaje, necesitas aceite (te recomiendo de germen de trigo (si no eres alérgica al gluten), sésamo negro o almendras). Y será más agradable si le añades unas gotitas de algún aceite esencial que sea inspirador para ti.

  • Mi pelvis respira

Me siento sobre un cojín o una mantita enrollada, en un lugar cómodo y tranquilo. 

Cierro los ojos. Llevo la atención a mi respiración, su ritmo, su profundidad.

Ahora dirijo mi atención a mi monte de venus, mi clítoris, mis labios, mi vagina, mi útero, mis trompas uterinas, mis ovarios. A mi pelvis, que los contiene. Y con la siguiente inspiración, visualizo que el cuenco de mi pelvis se llena de aire, expandiendo mis crestas ilíacas, haciendo más grande el espacio, haciendo vibrar mis órganos. Y, al espirar, me vacío.

Vuelvo a tomar aire y de nuevo lleno el cuenco de mi pelvis, sintiendo su expansión, su activación, su vibración.

Repito tantas veces como me apetezca, gozando de mis sensaciones. Y visualizo cómo esa energía generada, se expande también por todo mi cuerpo y nutre y recuerda el placer a cada una de mis células. 

Puedo recitar mentalmente, acompañando la práctica: “Inhalo y mi útero se expande con placer. Exhalo y mi útero se expande con placer”.

  • Conecto con mi propia belleza

Construyo, más allá de estereotipos, mi concepción de belleza: ¿qué valoro como bello? ¿cómo me siento bella? ¿qué necesito hacer, utilizar, para sentirme bella? ¿cómo me puedo rodear de belleza? 

Mi momento de belleza del día, mis rincones de belleza en mis espacios, el reconocimiento de la belleza que me encuentro y me rodea.

  • Vaporizaciones vaginales  (un regalo, al menos, mensual)

Escojo las plantas para mi práctica (alguna inspiración: pétalos de rosa, salvia, artemisa, lavanda, caléndula, tomillo, romero, hojas de frambuesa, manzanilla…), pueden ser secas o frescas. 

Caliento agua que, cuando llegue a la temperatura deseada, coloco en el bidet, balde u olla que vaya a utilizar para la vaporización.

Añado las plantas que he escogido. A veces, también incluyo 3-5 gotas de algún aceite esencial (rosas, lavanda, orégano…). 

Espero que el calor sea agradable y me coloco sobre el recipiente, cubriéndome con una toalla, pareo o falda que me tape y permita que el vapor no se escape. 

Recibo el vapor durante el tiempo que me apetezca o hasta que se enfríe (puede tardar unos 20 min, dependiendo de la temperatura exterior). 

Me seco suavemente, con mucho mimo y cuidado de no enfriarme. Y observo cómo se sienten mis labios, mi clítoris, mi vagina, mis ovarios, mi útero (también les pregunto y me dejo sentir su respuesta).

  • Práctica de Alquimia Sexual Femenina con el huevo de Jade

Despierto mi energía sexual, mientras aumento la sensibilidad de mi vagina y reprogramo conexiones neuronales con ella.

Tonifico mi musculatura pélvica.

También les recuerdo a mis células que su disposición natural es hacia el placer. Y el Jade nutre mi corazón con sus propiedades.

(Antes de utilizar el Huevo, es importante conocer sobre la práctica. Puedo acompañarte, si así lo sientes).

Alba Perez terapia sistémica

Alba Pérez Sánchez

Terapia sistémica. Sexología Holística. Danzaterapia.

https://procesosdetransformacion.wordpress.com/

https://www.instagram.com/laserpientequedanza/